La caja pone «alcance 2.600 m». Llegas al campo, y a doscientos metros no eres capaz de decir si esa mancha es un jabalí o el perro del vecino. No te han estafado: ese número mide una cosa distinta de la que tú necesitas.
Esta guía va de eso. De las tres o cuatro cifras que de verdad deciden si un aparato te va a servir, de las que están puestas ahí para impresionar, y de un par de cosas que no salen en ninguna ficha y que se notan a la tercera noche en el puesto.
Porque en internet te va a dar consejo mucha gente que no ha salido de noche en su vida, y conviene que sepas de qué pie cojeo. Estos son los aparatos que he tenido en la mano y he llevado al monte:
Y fíjate en que no son cuatro aparatos parecidos. Son las cuatro maneras distintas de resolver el mismo problema: una térmica, un nocturno, un nocturno con calculadora balística y un acoplable que aprovecha la óptica de día que ya tienes. Justo las cuatro entre las que se duda cuando vas a gastarte el dinero.
De todos ellos iré subiendo vídeo y ficha: no una nota sobre diez, sino qué se ve de verdad a la distancia a la que cazas tú, cuánto aguanta la batería a dos grados y qué me ha acabado molestando después de varias noches.
Sin fechas, y es a propósito. Cada vídeo sale cuando el aparato haya estado en el monte las noches suficientes como para poder decir algo que sirva. Prefiero no prometerte un calendario que luego se me pase.
Los voy subiendo en TikTok y en Instagram, y cada uno tendrá su entrada en el blog y su ficha en equipo.
Y lo legal, que va primero: el uso de térmicos y nocturnos para la acción de caza está regulado y depende de tu comunidad autónoma. En unas hace falta autorización específica y en otras está directamente prohibido, con multas serias. Tienes el detalle en la normativa de caza nocturna. Comprar el aparato es legal en toda España; usarlo cazando, no siempre.
Los alcances se dan en tres niveles, y el fabricante te enseña siempre el primero:
| Nivel | Qué ves de verdad |
|---|---|
| Detección | Hay algo caliente ahí. Poco más que un punto en la pantalla: ni sabes qué es |
| Reconocimiento | Es un animal, y no una persona ni un coche. Ya distingues la categoría |
| Identificación | Es un jabalí, es una hembra y lleva rayones detrás. Aquí es donde se decide un lance |
El «2.600 m» del escaparate es detección. La distancia a la que ese mismo aparato te deja identificar es muchísimo menor: una fracción pequeña de esa cifra.
No te voy a dar la proporción exacta porque no existe una sola: depende del tamaño del bicho, de la óptica y hasta de la humedad de esa noche. Pero la regla práctica sí: mira siempre la cifra de identificación, y si el fabricante solo publica la de detección, ya sabes por qué.
Es el sensor de calor, y va de 160×120 en la gama de entrada a 640×512 en la alta. Más píxeles es más detalle, y el detalle es justo lo que separa «hay algo» de «es un jabalí».
Cuidado con el primer humo: muchas fichas cantan a bombo y platillo la resolución de la pantalla, que suele ser un número mucho más bonito. La pantalla no ve nada. La cifra que importa es la del detector. Si en la caja pone un solo número grande y no dice de qué es, desconfía.
Es la sensibilidad térmica: la diferencia de temperatura más pequeña que el aparato distingue. Cuanto más bajo, mejor. Por debajo de 20 mK se considera bueno.
Este es el número que no se luce en la tienda y el que más se agradece en el campo, porque decide las noches malas: con humedad, con niebla, o cuando el suelo lleva todo el día al sol y está casi tan caliente como el animal. Con un NETD alto, esas noches el bicho se te funde con el fondo.
Va en milímetros, y aquí no hay un valor mejor: hay uno adecuado a tu terreno.
Si haces espera en un cebadero que tienes a cincuenta metros, un aparato de focal larga te deja un campo tan estrecho que te pasas la noche buscando el comedero. Y al revés: con focal corta en campo abierto lo ves todo, pequeñito y sin poder decidir nada.
Hay una cuarta cifra, el pitch —el tamaño del píxel, en micras—, que verás como 12 µm en casi todo lo moderno. A igualdad de lente, un píxel más pequeño estira el alcance. No es donde te van a engañar, pero si comparas dos aparatos parecidos, mira que no lleven pitch distinto.
La frecuencia de refresco, o cuántas imágenes por segundo te pinta la pantalla. Cincuenta hercios es el mínimo razonable.
¿Y por qué importa, si el jabalí no corre? Porque el que se mueve eres tú. En cuanto barres el aparato de un lado a otro, con 25 Hz la imagen se arrastra: deja estela, marea y tardas el doble en encontrar lo que buscabas. Sentado y quieto no lo notas. Barriendo una linde, a los diez minutos.
«Zoom digital 8 aumentos». El zoom digital no es zoom: es recortar el centro de la imagen y agrandarlo. No añade ni un detalle que el sensor no tuviera ya; solo hace los píxeles más gordos. Los aumentos que valen son los de base, los que da la óptica. Un sensor grande aguanta mejor el recorte, pero sigue sin inventar nada.
El alcance de detección puesto como si fuera alcance de tiro. Ya lo has visto arriba, y es la trampa más cara de todas.
La resolución de la pantalla en lugar de la del detector. La segunda más común.
Marcas que aparecen de un año para otro sin servicio técnico en España. Un aparato de estos es electrónica delicada que se va a llevar golpes, humedad y frío. El día que falle —y algún día falla— la diferencia entre repararlo y perderlo es que haya alguien a quien mandárselo.
Por muy bueno que sea el aparato, detectar no es identificar, y de noche identificar el blanco con total certeza no es negociable. Una mancha de calor no es un permiso para nada. Si no estás seguro de qué es, no lo es.
Y el otro mito, que se repite en todas las armerías: un térmico no ve a través de la vegetación. Una mata espesa o un tronco le tapan la firma de calor igual que le taparían el animal a simple vista. Lo que sí hace es delatar al que está en sombra o entre hierba rala. Está contado entero en visión nocturna vs. térmico.
Aquí no vas a encontrar una lista copiada de las fichas del fabricante. Hay mucha web que coge las especificaciones de la caja, les pone un enlace de afiliado y lo llama comparativa. Esta no.
Lo que va a haber son los cuatro de arriba, contados uno a uno después de usarlos. Y mientras llegan, la pregunta que más dinero ahorra no es cuál comprar: es cómo cazas tú.
Si haces esperas en un cebadero fijo, tus distancias son cortas y conocidas, y un aparato modesto de focal corta te sobra. Si vigilas laderas amplias, ahí sí se nota cada milímetro de focal y cada píxel del sensor. El aparato caro que no encaja con tu terreno rinde menos que el barato que sí.
Y si ya tienes una buena óptica de día, antes de cambiarla entera mira los acoplables: se montan detrás del visor que ya usas y te ahorran comprar dos veces lo mismo.
Antes de pagar, pregunta esto:
¿Estás entre dos y no te decides? Dímelo. Si cae en mis manos, lo grabo. Buena parte de lo que hay en esta web existe porque alguien lo pidió primero.
Antes que el aparato, lo básico: saber por dónde pasan las lindes. Los cotos oficiales de once comunidades sobre imagen de satélite, con tu posición GPS y funcionando sin cobertura.
Ver el mapa de cotosCasi todo lo que hay en esta web existe porque alguien lo pidió primero. El mapa de cotos nació de un cazador que llevaba dos temporadas sin saber por dónde pasaban las lindes de su propio coto.
Así que si te falta algo —tu comunidad en el mapa, la comparativa de dos aparatos que no te decides, una duda de normativa, o una herramienta que se te haya ocurrido en el puesto—, dilo sin cortarte. Si se puede hacer, lo hacemos. Y si no se puede, te explicamos por qué en vez de dejarte sin respuesta.